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Kurt Angle, el oro también se oxida

23/11/2017   01:03 - Por Alejandro Giménez

Los más grandes también tiene que saber cuándo es hora de parar y dejarlo todo

Kurt Angle, el oro tambien se oxida
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A veces, en la vida, hay que saber decir que no. “Cualquier tiempo pasado fue mejor”, dice el refranero español. Se puede estar más o menos de acuerdo con esta premisa; sin embargo, lo que está claro es que, por mucho que lo intentemos, no podemos retroceder en el tiempo y reproducir el pasado con exactitud. Puedes haber sido un gran deportista, una estrella televisiva, un cantante de éxito o un ídolo de masas… Lo que sea; un día, el más inesperado, tu popularidad, tu físico, tu suerte, todo lo que te hacía tan especial, desaparecerá. Es duro, pero ha de asumirse. Los problemas se afrontan reconociéndolos, no dejándolos pasar. Oh it’s true, it’s damn true!
 
APRENDER A COLGAR LAS BOTAS
 
Cualquier persona que me conozca o que me haya leído alguna vez sabe de mi fanatismo por Kurt Angle. El medallista olímpico y múltiple campeón mundial es mi mayor debilidad dentro del cuadrilátero y he seguido su carrera al completo. En todos los momentos, los geniales y aquellos no tan buenos, estuve allí. Vibrando y emocionándome con cada Suplex. Con cada Angle Slam. Con cada bajada de tirantes. Con cada Moonsault fallado. Con cada victoria. Con cada derrota. 
 
Kurt Angle ha sido uno de los mayores talentos que ha dado el wrestling profesional en Norte América. Su estilo depurado, su intensidad o su capacidad para actuar en cualquier registro es algo a la altura de muy pocos. Angle fue grande en WWE, en TNA y en Japón. Sin embargo, las lesiones siempre han estado en su camino. Desde los problemas de cuello en el 1996 hasta las lesiones de rodilla en los 2000, Angle se ha caracterizado por ser un atleta propenso a lesionarse. 
 
Su físico puede ser magnífico y él, como adulto, podrá entrenar todo lo que quiera, pero su cuerpo no es el de antes. Sus rodillas y su cuello están muy mermados. Tantas operaciones acaban pasando factura. Hasta 2012, de una u otra manera, Angle era capaz de dar espectáculo de primer nivel. Para su desgracia, y la de millones de aficionados, ese tiempo pasó. Sus últimas visitas al quirófano han sido fatales. Puede que disfrute sobre el ring y que le eche más ganas que nadie, pero de dónde no hay, no se puede sacar. 
 
Sería hipócrita por mi parte decir que no sonrío al ver a Kurt, feliz, hablar sobre lo mucho que significa el wrestling para él. Es algo que ama, lo sé, pero estoy cansando de ver a luchadores que no saben decir basta y colgar las botas en el momento adecuado. La salud es lo primero. Hay cientos de formas de seguir vinculado al negocio del wrestling sin necesidad de luchar. En el caso de WWE y Kurt Angle, parece que esto no queda tan claro. 
 
Por mucho que haya sido grande en el pasado y que WWE insista en engañarnos usando imágenes suyas de hace 10 años, Kurt Angle dejó de ser The Wrestling Machine hace un lustro. Entiendo que Vince McMahon quiera sacarle rentabilidad a una inversión. Desde el sentido económico puede tener sentido, pero desde el punto de vista del espectador es algo que podría haberse evitado o, al menos, haberse planteando mucho mejor. 
 
¿EL REGRESO DEL HIJO PRODIGO O LA HISTORIA DE SIEMPRE?
 
La carta de Kurt Angle es una que debería haberse guardado para el final de la partida. Si realmente se le quería dar a Kurt una última alegría antes de colgar las botas, se podría haber planteado todo de otra manera. 
 
El regreso de Kurt a los cuadriláteros de WWE después de 11 años de ausencia debería haber tenido otro guión. Debería haber sido algo especial, con una gran historia detrás. Angle debería haber sido protagonista de una hermosa rivalidad durante el Road to WrestleMania, etapa perfecta para exprimir el dinero con viejas glorias, con algún joven talento. De esa manera, Angle habría tenido su último combate en “La Vitrina de los Inmortales”, como merecía, y habría podido hacer algo que tanto ha hecho durante su carrera: poner over a un chico joven con ganas de comerse el mundo. 
 
En su lugar, WWE nos ofreció un regreso insípido e inesperado para cubrir la baja de última hora de Roman Reigns. WWE vistió a Angle con la ropa de The Shield y le hizo participar en uno de los peores combates principales de su historia reciente. Para más inri, la “gran” rivalidad en la que Angle tomará parte de cara a WrestleMania será contra Triple H, ¿De verdad? ¿Me estáis diciendo que no había un rival mejor? ¿Tiene sentido juntar a dos luchadores que nunca tuvieron una gran lucha en su prime? ¿Qué me van a ofrecer de nuevo? ¿Van a mejorar el nivel de hace una década? Y, más importante, ¿Qué valor o función tendrá esta lucha en la cartelera?
 
Muchas preguntas y ninguna respuesta. Con la decisión de hacer regresar a Kurt de forma inesperada en TLC, WWE dejó claro que nunca tuvo grandes planes para él. Si así hubiera sido, no habría estropeado una hipotética gran historia para rellenar un hueco en un evento de transición en plena temporada baja. Un sinsentido mire por donde se mire. 
 
Con esta lucha, además, WWE deja muy clara su posición dominante. Aunque cueste creerlo, este enfrentamiento con Triple H tiene ciertos paralelismos con el Sting vs Triple H de WrestleMania 31. En el caso de Sting, una leyenda que prometió que jamás pisaría WWE. Angle, por su parte, un luchador que traicionó a Vince en 2006 pidiendo un tiempo de descanso que utilizó para firmar por la competencia ¿El resultado de ambos casos? De entre todos los escenarios soñados posibles, se escogió a un hombre de empresa como Triple H para acaparar los focos y dejar claro que WWE es la que tiene el mando. 
 
Habrá que esperar para ver como se desarrolla esta historia. Puede que se ponga interesante, quién sabe. Les daré el beneficio de la duda no esperando nada de la rivalidad y del futuro combate. Lo que tengo claro, aunque hasta al propio Angle le cueste creerlo, es que Kurt debería haber sabido colgar las botas en su día. Después de tantos años fuera de los dominios de la empresa McMahon, Angle forjó una carrera más longeva en TNA y se convirtió en una pieza más importante de lo que jamás fue en WWE. Podría haberse retirado en aquel hogar dónde le recibieron con los brazos abiertos. Aquella empresa dónde siempre se le dieron segundas oportunidades. En su lugar, y con todo su derecho, decidió regresar a su primera casa para retirarse “por todo lo alto”. Se abrazó efusivamente con Vince y Hunter. Pensó que todo sería de color de rosa. Lo que no sabía este oxidado e ilusionado luchador es que, aunque el diablo se vista de seda, diablo es y diablo se queda
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