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Arte en las venas

19/09/2017   03:39 - Por Carlos Liñares Roel

Tributo a Bobby “The Brain” Heenan

Arte en las venas
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El Wrestling en sí es un arte, un arte que por cada gota de amor destilada exprime otra de sufrimiento. Algunos nacen con talento y otros nacen estrellados, una minoría se pasa la vida escalando obstáculos y otra vive del mérito ajena. Hoy se nos ha ido una estrella de una clase aún más selecta, los que viendo rotos sus sueños se rehacen de sus pedazos y alcanzan límites insospechados cuando nadie creía en ellos. Se nos fue el profesor de profesores, la razón del razonamiento, el cerebro del wrestling, Bobby Heenan.
 
Conocido a partes iguales por su labor como comentarista o su presencia en ringside, “The Brain” era un regalo a la vista y al oído en cada aparición, heel de los pies a la cabeza e inteligente por antonomasia, Heenan sabía cómo hacer revolotear un gallinero de vente mil personas con solo acercarse al cuadrilátero.
 
Pero Heenan no nació con esa cualidad, Heenan había nacido en una época donde el que quería subirse al ring sudaba sangre y lágrimas, una era donde los modernos centros de entrenamiento se reducían a humildes compañeros de profesión que aceptaban subirse al ring con un novato y darle pequeñas lecciones, tiempos de revolución e innovación, pero al mismo tiempo miseria y sacrificio. Bobby construyó su legado desde el sótano, apenas siendo un adolescente fanático de los espectáculos de lucha en Chicago e Indianápolis se ganaba unos dólares llevando maletas o portando los abrigos de los luchadores, incluso vendía refrescos y aperitivos durante los shows. Al llegar al octavo grado de sus estudios en 1967 abandonó el colegio y se unió a la WWA de Indianápolis para mantener a su madre y a su abuela, se inició como luchador y coqueteó con la profesión de mánager, siendo conocido en esos años como “Pretty Boy” Bobby Heenan. En apenas unos meses cinceló y dio forma al exitoso gimmick que le acompañaría toda su carrera, un arrogante hombrecillo rápido e ingenioso de lengua y con un ejército propio de secuaces que le protegería en todo momento, la mítica Heenan Family.
 
A mediados de los 70 una grave lesión de rodilla truncó sus esperanzas de llegar a campeón pero Heenan no conocía el abandono. Reemplazó sus mallas por un elegante smoking y una pajarita y empleó todas sus energías en hacer oír su estruendosa voz desde el ringside. Bobby reconstruyó totalmente el concepto de mánager, hasta los 70 los managers eran simplemente allegados familiares o amigos personales del representado que escenificaban apoyo moral en los momentos épicos o simples bastardos que interferían de manera ridícula y pretenciosa en caso de que le representado fuese un heel; en resumen los managers eran simples figuras de relleno para un combate pero carentes de personalidad o atractivo artístico.
“The Brain” era un energúmeno capaz de lavar el cerebro al más honrado de los wrestlers solo para jactarse de ello delante del público, odioso por su perversa mente y su afilada lengua, tenía un mic clásico pero muy ajustable a cualquier época, además de que fuera del ring era incansable, capaz de soportar millones de abucheos con tal de interferir a favor de su representado y darle la victoria.
 
Durante 25 años dirigió sin descanso a su famosa “Familia”, un grupo que representaba a todos sus apoderados, desde campeones mundiales a exitosos tag teams pasando por legendarios mid-cards o jobbers caídos en el olvido, así representase a un ladrillo hueco, tres minutos de Heenan al micrófono y el ladrillo era un serio aspirante al título mundial. Atravesando WWA con Angelo Poffo y los Valiant Brothers, haciendo stop en la NWA con Ron Bass o Ernie Ladd, glorificando AWA con los “Blackjacks”, Stan Hansen, Ray  Stevens y el magnífico Nick Bockwinkel para aterrizar en WWF y estirar aún más su legado con Rick Rude, Mr Perfect, el gran Harley Race, los gigantescos Big John Studd y King Kong Bundy,  Ric Flair… Pero ninguno tan sonado ni representativo como su gran amigo Andre The Giant, quien fue la prueba definitiva de que Heenan se hubiese hecho de oro lavando cerebros en el consultorio, aunque el wrestling hubiese perdido al mejor de los pioneros del ringside.
 
Cuando sus enfermedades le exigieron apartarse de la acción Heenan aún se guardaba un último as, se unió a la mesa de comentaristas para hacer el dúo más cómico de la historia de WWF con su otro gran hermano Gorilla Monsoon.
 
Hoy el cáncer nos ha robado al hombre más ingenioso y genuino que haya pisado un ring sin necesidad de luchar, el genio se esfuma, las risas se apagan, el redoble de tambor enmudece y el telón cae con un eco de tristeza. 
 
“Boy, you listen to me, you'll go to the top! You don't listen to me, you're never heard from again!”
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