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La enésima oportunidad perdida

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21/11/2016   - Por Sergio Bustos

WWE tenía la oportunidad de hacer algo grande pensando por una vez a largo plazo. De nuevo, todo lo echó a perder. Así no. No a cualquier precio.

La enésima oportunidad perdida
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6 de abril de 2014. Nueva Orleans. Brock Lesnar se enfrenta a The Undertaker en el trigésimo aniversario de Wrestlemania, evento donde el Deadman se encuentra invicto. 21 victorias ante 0 derrotas. Tipos como Ric Flair, Triple H, Batista, Kane, Randy Orton o Shawn Michaels tienen una cosa en común: todos han caído en el intento de romper The Streak. Pero esa noche, un hombre hace historia. Lesnar conquista la racha limpiamente y provoca el shock más importante de la historia del evento magno. El cliente de Paul Heyman es el 1 en el marcador. El único, el inigualable. Solo él está muy por encima del resto.

Más de dos años y medio han pasado desde entonces. 959 días en los que Lesnar no ha dejado rival en pie. 959 en los que su ascenso no ha cesado. En la lista de exánimes ante The Beast, personalidades como John Cena, Randy Orton, Roman Reigns, Seth Rollins, Dean Ambrose, The New Day, The Wyatt Family o Big Show. Humillados y apalizados; recibiendo 16 suplexes o abriéndose la cabeza. El mismísimo The Undertaker recurriendo a trampas para poder hacerle frente.

Brock Lesnar alcanza en la segunda mitad de 2016 el mayor estatus jamás visto en WWE. Sus combates se tornan aburridos y repetitivos porque nadie puede hacerle frente. Una auténtica bestia. La rara avis que logre hacerle caer se convertirá en la nueva sensación y potenciará su figura hacia lo más alto. Por ello se rompió The Streak. Por ello las dos caras de la empresa en la última década fueron humillados. El sacrificio no debía ser en vano.

Y sin embargo lo fue. El trabajo de 959 días sobre la figura de Brock Lesnar ha desembocado en que sea Bill Goldberg, un tipo de 49 años que lleva más de una década sin subirse a un cuadrilátero, quien se lleve el mérito de vencer al invencible. El mérito de conseguir lo que nadie había conseguido en todo este tiempo. ¿Y cómo? En un combate de dos minutos. Un squash en el que Lesnar no puede dar un golpe y recibe solo tres.

A la WWE le gusta esto. La WWE quiere que se hable de la WWE. Quiere causar sensación, crear impacto. Y eso lo consigue, pero no debería hacerlo a cualquier precio. Que Bill Golberg derrote limpiamente a Brock Lesnar sin recibir ni un solo golpe en un main event del año 2016 es un precio que personalmente no estoy dispuesto a pagar. Haya revancha posteriormente o no la haya. Derrote Lesnar ahora a 50 hombres a la vez o no. El Goldberg de 49 años que regresa del exilio con el gimmick de padre de familia retirado pasa a la historia como el hombre que derrotó a Brock Lesnar y terminó con su imbatibilidad directa. El primero y hasta ahora único que le ha tumbado limpiamente. El elegido por encima de todos los wrestlers en activo del mundo. Y eso ya es irrecuperable ocurra lo que ocurra con Lesnar.

He leído hasta la saciedad comparaciones con deportes que no me convencen. El wrestling no es un deporte. No trata de regularidad, sino de logros. De coronaciones inimaginables. De ascensos y descensos en planos más que emotivos. Y nunca nadie podrá ponerse a la altura de lo conseguido por el Goldberg de 2016. Ni Cena, ni Reigns, ni Taker. Nadie es más que él.

WWE tenía la oportunidad de hacer algo grande pensando por una vez a largo plazo, pero ha resultado vilipendiada a las primeras de cambio. El premio gordo va para el tipo que no estará dejándose la piel semana tras semana en shows televisados y no televisados y viviendo de avión en avión. Hasta hoy pensaba que WWE no sabía crear nuevas estrellas. Una bofetada de realidad me ha dejado claro que no quieren crearlas. ¿Dilapidar tu futuro por dos semanas de revuelo en redes sociales y medios? No, gracias. Puedo sonar catastrofista, y seguramente nos olvidemos de todo esto en unos meses, pero el daño está hecho y es irreparable.

Otro día más en la oficina. Otra oportunidad perdida.

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